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El debate no sólo es escuelas abiertas, también la calidad del sistema educativo

Una vez que se ha confirmado de parte del Gobierno Federal que el inicio de clases del nuevo ciclo escolar para el nivel básico será de manera presencial a pesar de estar en plena tercera ola de COVID, ha provocado que el debate nacional se centré en si es adecuada o no la apertura por el momento sanitario, pero dejando de lado la discusión sobre el estado actual del sistema educativo del país.

Para ejemplificar lo anterior, es necesario partir del escenario de que escuelas abiertas y alumnos en ellas no es garantía de mejora en los niveles educativos en México, ya que, la formación de capital humano en las aulas conlleva mucho más que realizar ejercicios y lecturas en los textos recomendados para cada curso.

Para mejorar o modificar todo un sistema educativo, es necesario saber qué país queremos en el mediano y largo plazo, es decir, tener claro si se buscará la distribución de la riqueza a partir de la innovación o se hará a partir de manufacturar e imitar a través de ciertos procesos productivos la producción de bienes que ya existen.

Lo anterior no excluye que exista la formación de profesionales en áreas como las humanidades o ciencias sociales, ya que, todo sistema productivo necesita de un análisis técnico que no puede ser hecho por cualquier profesional.

Una vez que se ha decidido qué país se quiere ser, comienza la reforma a todo el sistema educativo comenzando con el nivel básico, ya que es ahí donde se establece la manera de relacionarse con los demás, así como la enseñanza de las habilidades básicas para formarse escolarmente en un futuro.

Planteado lo anterior, es fácil percatarse que nunca hemos tenido en México un sistema educativo que esté formando a ciudadanos para el futuro de manera homogénea, lo cual ha generado una enorme disparidad entre la población, ya qué, el acceso a la educación se está haciendo de manera fragmentada y desigual entre personas con altos y bajos ingresos.

El régimen priísta del siglo XX, diseñó en un sistema educativo que enseñó a leer, escribir y contar a millones de personas, además de justificar a través de los libros de texto la existencia de un partido político que fungía como único eje rector de la vida política y económica del país.

Aunque exitoso por la cobertura y reducción en los niveles de analfabetismo del país, el proyecto educativo quedó trunco, ya que además de no saber qué país se quería, tampoco se dio un acompañamiento a las generaciones de egresados de educación básica para canalizarlos a educación media y superior.

El modelo educativo actual es una copia del concepto de escuela priísta de mediados del siglo XX, en el cual, existe un sindicato que es poco transparente con la evaluación docente, pero es funcional a intereses políticos planteados por el gobierno, a la par de que no existe una cobertura nacional en educación media superior, ni un sistema de captación y canalización de talento a centros especializados para explotar dichas habilidades.

El actual sistema educativo está enfocado en enseñar a leer y contar a millones de niñas y niños, pero sin entender que las conexiones con otras regiones del mundo son muy importantes, lo cual lleva a valorar y entender la importancia del entorno local.

Tampoco se está formando en temas como equidad, diversidad y medio ambiente, los cuales son temas que están en la agenda de todo el mundo y que su entendimiento llevará a organizarse mejor no sólo con los habitantes y unidades económicas de un país, sino con el resto del mundo también.

La urgencia por tener escuelas abiertas ha llevado a debatir a México en términos sanitarios sobre lo pertinente o no de la propuesta, lo cual es adecuado, pero ha dejado de lado un factor clave que es la calidad de la educación y el no saber qué país queremos ser en el mediano plazo, lo cual, de no cambiar, será el obstáculo para no mejorar en materia educativa y dejar el discurso de la cuarta transformación en el olvido.

Fuente: Forbes

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