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El gobierno de Bolsonaro llama a reivindicar el Golpe de Estado de 1964 en su aniversario por salvar al país del comunismo

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil y Walter Braga Netto, jefe de gabinete; cantan el himno nacional durante una ceremonia de juramento en el Palacio de Planalto en Brasilia, Brasil, el martes 18 de febrero de 2020. (Twitter/@Political_Room)

El nuevo Ministro de Defensa de Brasil y mano derecha de Bolsonaro, Walter Braga Netto, quien dejó esta semana la jefatura de gabinete para adoptar un rol más cercano a las Fuerzas Armadas, llamó este 31 de marzo a celebrar el Golpe de Estado de 1964, cometido por el Ejército y el Parlamento al entonces presidente comunista João Goulart.

Braga Netto aseguró que “el golpe es parte de la trayectoria histórica del país” y que “sus acontecimientos deben entenderse y celebrarse dentro de su contexto“. En este sentido, nombró este miércoles (57° aniversario del Golpe) a tres nuevos comandantes de las Fuerzas Armadas, Paulo Sérgio Nogueira (Ejército), Almir Garnier Santos (Marina), y Baptista Júnior (Aérea).

Durante su designación, se leyó un texto conmemorativo que justificó el golpe por las “inseguridades institucionales” e “inestabilidad política” que había desencadenado el ex presidente Goulart durante su mandato.   “Había una amenaza real para la paz y la democracia”, asegura el texto, explica que “las Fuerzas Armadas, siguiendo la voz de los brasileños y contando con un amplio apoyo de la prensa, los principales líderes políticos, las iglesias y el segmento empresarial llevaron a cabo el movimiento del 31 Marzo de 1964“, con el fin de “pacificar el país” y “garantizar las libertades que hoy gozan todos los brasileños“.

Por último, el discurso finaliza asegurando que las Fuerzas Armadas son “conscientes de su misión constitucional” y que “garantizaran la armonía y equilibrio” entre lo poderes del Estado a fin de “preservar la paz y la estabilidad” de la democracia.

Jânio Quadros y João Goulart habían asumido la presidencia y vicepresidencia en 1960, elegidos en elecciones separadas como era costumbre en aquél entonces en Brasil. Quadros, quien representaba un sector conservador pero no alineado a las Fuerzas Armadas, dio un giro total al llegar al poder y buscó un acercamiento del país con Cuba, China y la Unión Soviética, incluso condecorando al Che Guevara con la Orden de la Cruz del Sur.

El 25 de agosto de 1961, Quadros trató de hacer un autogolpe presentando su renuncia y buscando que el Congreso le otorgara poderes especiales para sanar la crisis política que atravesaba el país. Pero los partidos de derecha en el Poder Legislativo le soltaron la mano y aceptaron su renuncia.

Sin embargo, Goulart, quien debía asumir la presidencia, era un peligroso comunista con intenciones aún más oscuras que las de Quadros. El Congreso trató de impedir por todas las vías su asunción. Primero nombraron al Presidente de la Cámara de Diputados, Ranieri Mazzilli, como presidente interino, ya que Goulart se encontraba en una viaje diplomático en China. Luego, tras su regreso al país, el Congreso aprobó reformas constitucionales para convertirse en un Parlamento y quitarle todos los poderes presidenciales a Goulart.

Pero para 1963 la crisis política en el país era inevitable. Goulart presionaba para volver a un sistema presidencialista y llamó a un plebiscito nacional donde triunfó por amplia diferencia ponerle fin al Parlamento.

Tras recuperar sus poderes plenos como Presidente, Goulart impulsó las “Reformas de Base”, un masivo plan de corte comunista, que incluía una reforma agraria, la expropiación de las principales industrias del país, una fuerte redistribución de la renta, la estatización de toda la educación, la prohibición de la banca privada, una reforma electoral que habilitara al Partido Comunista a competir en elecciones y una reforma constitucional que introdujera la reelección indefinida y el concepto de propiedad colectiva.

El Congreso se negó a votar estas leyes, y Goulart terminó pasando las reformas por decreto el 13 de marzo de 1964. El mega-decreto fue firmado en una plaza pública al lado de la Estación Central de Ferrocarril en Río de Janeiro, y ese mismo día se ordenó la expropiación de todas las refinerías de petróleo privadas y autorizaba la expropiación de tierras a los principales productores agropecuarios del país.

Varias facciones dentro del Ejército se negaron a aplicar estas reformas, en muchos casos negándose a realizar las expropiaciones, y lanzando comunicados prometiendo que no dejarían que el país se tornara comunista.   

El 19 de marzo, una gran parte de la población, en un claro rechazo a estas medidas, estalló en protestas, en las llamadas “Marcha de la Familia con Dios por la Libertad” que aglutinó a millones de personas en todo el país.

El 31 de marzo, ante la noticia de un posible levantamiento armado, Goulart se escapó de Río de Janeiro a Porto Alegre y comenzó a planificar una guerra civil con algunas facciones del Ejército que creía que todavía le permanecían leales a él. El 1ro de abril, el general Armando de Moraes Áncora, Jefe del 1º Ejército, se unió a los sublevados en Río y se concretó el golpe.

El 2 de abril, el Congreso votó por la vacancia presidencial, asegurando que su salida repentina de Río de Janeiro indicaba su renuncia. En su lugar se nombró a Mazzilli nuevamente como presidente interino, y Goulart terminó escapándose a Uruguay cuando le llegó noticia que ni siquiera las facciones armadas del sur (donde se encontraba el grueso de su apoyo) habían presentado resistencia a la nueva dirigencia.

Esa misma semana, los militares ocuparon las sedes del sindicalismo y de las organizaciones sociales que había financiado Goulart. En la ciudad de Río de Janeiro, la sede de la Unión Nacional Estudiantil, que se estaba organizando para llevar a cabo una resistencia armada, fue incendiada y desbaratada.

El 15 de abril, el Congreso nombró al mariscal Humberto Castelo Branco como Presidente, el primero de una serie de gobiernos de facto con presidentes elegidos por el Poder Legislativo y las Fuerzas Armadas, que duró hasta 1985.

Estos gobiernos cívicos-militares alejaron completamente a Brasil de la influencia comunista, y alinearon al país al sistema capitalista occidental en plena Guerra Fría, evitando guerrillas marxistas como sufrió Argentina, Chile y Colombia.

Goulart, sin nunca haber sido elegido por el pueblo como Presidente y vencido en las elecciones legislativas, quería impulsar una reforma total del sistema democrático brasileño, instalándose como un dictador al estilo cubano o soviético, y haber frenado esto es lo que millones de brasileños celebran en esta fecha.

Fuente: derechadiario.com.ar

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