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El Ministerio de Salud de Argentina entrega por primera vez aceite de cannabis para pacientes pediátricos con epilepsia

En 2018, el hospital Garrahan de Argentina, el más prestigioso del país en cuanto a medicina pediátrica, inició el primer estudio realizado en Latinoamérica sobre el uso de cannabis medicinal en niños con cuadros severos de epilepsia

La investigación se desarrolló en pacientes con encefalopatías epilépticas, un tipo severo de epilepsias refractarias, que son de difícil control y no responden a ningún tipo de tratamiento convencional disponible actualmente, como los anticonvulsivos, las dietas especiales e inclusive las cirugías.

El resultado fue altamente positivo, ya que más del 80 % de los menores tratados con aceite de cannabis tuvo una mejoría, y un 60 % mostró una reducción significativa en el número de crisis. El estudio confirmó además que el uso de cannabidiol contribuye también a mejorar notablemente aspectos cognitivos, conductuales y motores, repercutiendo en una mejora en la calidad de vida, tanto de los pacientes como de sus familias.

Sin embargo, al finalizar la investigación, unas 14 familias que no tenían cobertura médica quedaron sin suministro del aceite, que hasta ese momento provenía de Canadá. 

En respuesta a ello, el Ministerio de Salud de Argentina, a través del Programa de Cannabis Medicinal, entregó formulaciones de producción local basadas en cannabis para esos pacientes. 

El pasado 2 de agosto, la cartera sanitaria informó que con esta acción «garantiza por primera vez el acceso al aceite de cannabis de grado farmacéutico, purificado y altamente concentrado, para el tratamiento de pacientes con epilepsia farmacorresistente, con convulsiones asociadas con el síndrome de Lennox-Gastaut, el síndrome de Dravet y en epilepsia relacionada a esclerosis tuberosa». 

Enmarcada en la ley 27.350 de uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados, sancionada en 2017, la entrega constituye un «hito» que asegura el acceso seguro a los derivados del cáñamo con fines medicinales, terapéuticos y paliativos. 

«Es el escenario ideal para desarrollar una herramienta que está dando sus primeros pasos, que más allá de que lleve varios años entre nosotros tiene todavía ciertas debilidades en cuanto a la evidencia, entonces es muy necesaria la experiencia clínica de estos centros de excelencia, que de alguna forma avalan los procesos de seguridad y eficacia», comenta en diálogo con RT Marcelo Morante, coordinador del Programa Nacional de Investigación sobre los Usos Medicinales del Cannabis, dependiente de la cartera sanitaria.  

«Realmente que el Estado acompañe este proceso me parece un hito de lo que es la gestión del Ministerio de Salud, y lo destacado que es el Hospital Garrahan a la hora de tomar estas temáticas controversiales», sostiene el médico y funcionario. 

Investigador de la Universidad de La Plata y autor del libro ‘Sin dolor, historias íntimas del cannabis medicinal’, Morante destaca la determinación y el impulso de la ministra Carla Vizzotti, quien decidió gestionar y avanzar en la materia a pesar de las complicaciones que impone la pandemia de coronavirus. 

Si bien Morante oficia como capacitador en esta temática desde 2013, señala que la entrega de aceite cannábico por parte del Estado parecía impensado hace 10 años: «Hoy, lo veo como un hecho que va a derribar muchos preconceptos, y esa forma de ver el cannabis como algo respecto a lo que se puede estar a favor o en contra. De alguna manera lo vamos a poner a la altura de lo que se discute en el mundo: la evidencia y la utilidad en determinados síntomas y patologías». 

Pero, más allá de la decisión política del Gobierno argentino, para el especialista hay un actor clave en el avance de estos procesos que, en definitiva, permiten mejorarle la vida a cientos de niños y sus familias: las madres de muchos de estos pacientes que han batallado para lograr que el cannabis medicinal deje de ser estigmatizado.

«Esta es una respuesta de un Estado presente, generada desde el dolor de una mamá. El dolor de la mamá es diferente a otros dolores. La mamá con dolor se empodera, va en la búsqueda, genera una ley, desafía a la sociedad científica, lo pone en agenda, le manda una nota al presidente, lo desafía a uno como médico», asevera Morante. 

Y agrega: «Los procesos dolorosos hacen que uno entienda rápidamente que cualquier herramienta que de alguna forma se vincule con un mejor sueño, mejor humor, mejor apetito y menos dolor, obviamente es para recuperar, se llame como se llame«.  

De ello puede dar cuenta Gabriela Reyes Valenzuela, neuróloga del hospital Garrahan, quien colaboró con el estudio y está en contacto con quienes resultaron beneficiados. «Los padres nos dicen que los niños están mucho más conectados, menos dormidos». Por eso, explica, la noticia fue un bálsamo para estos chicos y su entorno. 

«Gracias a Dios tuvimos una respuesta rápida del Ministerio, porque la verdad es que estábamos preocupados de cómo íbamos a abastecer la continuidad del tratamiento. Fue una tranquilidad para muchos, porque luego de ver una mejoría tan grande en sus hijos era muy angustiante pensar que no iban a tener la medicación». 

Fuente: RT

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