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La actitud criminal del régimen chino ante la pandemia

El nuevo genocidio chino contó con el apoyo de muchos infiltrados que, en una actitud muy criminal, coludieron contra toda la civilización occidental

Si algo caracteriza al régimen chino es su desprecio por la vida. Ya que después de haber asesinado a 40 millones de sus ciudadanos (20 antes del Gran Salto y otros 20 luego de esa política) y haber ocasionado la muerte de otros miles por el hambre, ahora es responsable de millones de fallecimientos a escala planetaria (una desgracia mucho más grande que el accidente de Chernóbil).

Pero el nuevo genocidio chino contó con el apoyo de muchos infiltrados que, en una actitud muy criminal, coludieron contra toda la civilización occidental, verbigracia, el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, Anthony Fauci. Pues, luego que La ley de libertad de información permitiera que The Washingt Post y el BuzzFeed obtuvieran los correos que Fauci intercambió con funcionarios del régimen chino, su reputación cayó por los suelos y permitió reforzar la hipótesis del origen artificial del COVID-19.

Las contradicciones son constantes. Primero aseguro que el virus tenía un origen natural, pero luego reculó. Después negó cualquier colaboración con el Instituto de Virología de Wuhan (WIV) respecto a investigaciones de ganancia de función. Pero luego se dio a conocer un documento firmado por él en 2012 donde defendía ese tipo de experimentación. Incluso guardó silencio sobre el informe del 2018 donde diplomáticos advertían la escasa seguridad del WIV.

  • Ahora bien, si China llegó a tener influencia dentro de la estructura política Norteamérica, es más que probable que los países tercermundistas -donde las instituciones son de gelatina- estén completamente sometidos a Pekín.

En efecto, la gran prensa Hispanoamérica ni siquiera mencionó el escándalo de Fauci, y guarda silencio sobre cualquier tema que pueda incomodar al régimen chino. De hecho, dentro del ámbito periodístico, catalogar el COVID como el Virus chino se considera racista y xenófobo.

Incluso en el ambiente médico se nota el contagio del autoritarismo chino. Ya que cualquier voz que disienta contra la cuarentena, las vacunas y el uso prolongado del barbijo es acallada con la mayor saña.  Por ejemplo, el investigador Peter C. Gøtzsche es duramente criticado por llamar a la prudencia en el tema de la vacunación, y desconfiar en las investigaciones científicas que sean financiadas por organizaciones filantrópicas. Aunque Gøtzsche considera que las vacunas son el más grande invento de la medicina, desconfiar de magnates como Bill Gates (cuya relación con China es más que evidente) y de las grandes empresas farmacéuticas le costó su reputación.

Asimismo, los políticos regionales, fieles a su estilo folclórico, acusan al capitalismo de jugar con la salud, a las transnacionales de monopolizar las vacunas, al gobierno norteamericano de no apoyarlos lo suficiente y, al mismo tiempo, usan la pandemia para obtener réditos económicos (corrupción mediante) o como una cortina de humo para ocultar otros problemas (en Bolivia unas AFPS quebradas, por ejemplo). Pero no mencionan a China. Tampoco dan soluciones reales, porque no las tienen.

Mientras tanto, los ciudadanos de a pie culpan de la tercera ola a quienes, con justas razones, reclaman trabajar de manera libre y se oponen a los encierros forzosos. Sin darse cuenta de que las cuarentenas sólo destruyen la economía y, paradójicamente, nos hacen más vulnerables a infinidad de problemas de salud.

Penosamente, hoy mientras muchos de nuestros compatriotas mueren azotados por el COVID-19 y nuestras economías son destruidas por los encierros prolongados, vemos a China, y al virus que ella misma creó, convertirse en la potencia que decide a su voluntad el destino de miles de naciones alrededor del globo. 

Fuente: Hugo Marcelo Balderrama – Panampost.com

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