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La muy confusa desigualdad

La riqueza no se crea de forma igual. El tema no es nuevo, Vilfredo Pareto (1824-1923) y Corrado Gini (1884-1965) la estudiaron desde la estadística. De ahí viene el principio de Pareto y el coeficiente GINI.

Confundimos pobreza con desigualdad. No es lo mismo. Aunque todos quisiéramos un mundo más equitativo, si tuviéramos que escoger entre un mundo sin pobres o un mundo igual, creo que casi todos escogeríamos un mundo sin pobres. 

Hay países ricos, pero desiguales; países pobres y muy desiguales; y hay países ricos y poco desiguales; estos son, por supuesto, los más interesantes. Lo mismo en otras escalas, por ejemplo, entre los estados o las ciudades.

Confundimos igualdad de proceso con igualdad de resultados. Los países con mayor igualdad de proceso tienden a ser los de mayor igualdad de resultados. Los países que aspiran a tener mayor igualdad de resultados, generalmente crean desigualdad en el proceso y, al final, también en resultados.

Confundimos desigualdad natural, la que se da en todo sistema complejo, con desigualdad artificial, la que es creada por los políticos para beneficio propio, la famosa economía de compadres.

Hay desigualdad que se crea con dinamismo económico y desigualdad que se crea por estancamiento económico. Un país que crece aceleradamente necesariamente va a crear nueva desigualdad. Un país estancado, puede estancarse en su desigualdad histórica o incluso, crear mayor desigualdad.  Las crisis económicas también crean desigualdad.

Los cambios tecnológicos crean desigualdad. No todos aprovechan la tecnología de la misma manera, ni con la misma rapidez. Los luditas eran artesanos ingleses del siglo XIX, que protestaron contra las nuevas máquinas que destruían el empleo. Los nobles terratenientes también fueron desplazados por los empresarios industriales. Hoy, la economía de la información crea nuevos ricos y nueva desigualdad.

Hay desigualdad antes de impuestos y desigualdad después de impuestos. Los países con mejor estructura fiscal y mejores programas sociales logran reducir el coeficiente GINI mucho mejor que los países que no cuentan con finanzas sanas y no tienen buenos programas sociales. Las ONGs también contribuyen; Estados Unidos, por cierto, es el país con mayor gasto social privado. 

La desigualdad natural, la que se da en todo sistema complejo es la menos comprendida. Aunque en una comunidad todos arrancaran su vida laboral en igualdad perfecta de condiciones, si viven en una comunidad libre y con igualdad de proceso, al poco tiempo, unos serían más exitosos que otros. ¿Por qué? Porque tomaron mejores decisiones o tuvieron mayor suerte. Sí, la “suerte” o lo aleatorio es un factor de peso, pero sin duda, las buenas decisiones contribuyen a la buena suerte.

Interferir en la desigualdad natural es mucho más peligroso porque nadie sabe bien cómo hacerlo, los remedios suelen ser peores porque se le otorga demasiado poder a los políticos y aunque algunos no lo crean, los políticos no son dioses.

La desigualdad provoca turbulencia social. Si mi vecino me da envidia porque tiene más que yo, ese es un problema mío, pero si mi vecino tiene más porque a él lo favorece artificialmente el sistema (es amigo del alcalde y hace negocios con el municipio), entonces el problema ya no es sólo mío.

El que haya multimillonarios no es un problema, no, si es por méritos propios. El que no haya nuevos multimillonarios por méritos propios sí es un problema.

Las democracias funcionan mejor cuando hay una gran clase media, cuentan con igualdad de proceso y los políticos son tan vigilados que no tienen más remedio que actuar bien.

Si queremos un México más equitativo, exitoso y sin pobres, aquí van unas ideas. No llevan prioridad, reordénelas en el orden que guste:

  • Fortalezcamos al Poder Judicial.
  • Vigilemos a los políticos y acotemos su poder.
  • Defendamos la libertad. Todas las libertades son buenas.
  • Favorezcamos la competencia económica y política.
  • Conectemos al mundo a todos los estados del sur.
  • Construyamos un sistema de educación y salud pública de calidad.
  • Combatamos los monopolios artificiales, creados por los políticos.
  • Domemos nuestra envidia. Aplaudamos el éxito ajeno y aprendamos de él.  
  • Dejemos de buscar utopías y seamos más cuidadosos al opinar en temas complejos. Usemos más datos y menos prejuicios. 
  • Dejemos de compararnos contra Latinoamérica. Aprendamos de los exitosos. 

¡Ah, y por favor! Deje de creerle a los políticos que hablan del combate a la desigualdad.  No sea ingenuo. Ningún político ha logrado reducir la desigualdad. Es un proceso tardado y tiene que ver con mayor competencia política y económica, no con otorgarle poder dictatorial a un político.

Fuente: Forbes

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