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No todas las empresas están listas para hacer innovación disruptiva

La visión cortoplacista no tiene cabida en la innovación disruptiva. Si deseas sentar las bases digitales del futuro, debes modificar tu liderazgo y cambiar la cultura.

Todo proyecto de inteligencia artificial tiene, al menos, dos tipos de retorno de inversión: uno evidente, calculado por una Tasa Interna de Retorno (TIR), que se enfoca en el beneficio económico del proyecto y, como toda solicitud de inversión, se aprueba por los Consejos de Inversión o por los dueños; el otro ROI, que es trascendental a largo plazo, es difícil de medir y es, hasta cierto punto, incomprendido y, para muchos, riesgoso: tiene que ver con las capacidades digitales que añade a las empresas el hecho de hacer innovación disruptiva con las tecnologías emergentes de Industria 4.0.

Esto es particularmente importante cuando una organización apuesta por un liderazgo de bajo riesgo y resultados inmediatos, minimizando la importancia de la visión de largo plazo que hará que el negocio mantenga su competitividad en el futuro.

Suena duro, pero muchas organizaciones, por más globales que sean, no están listas para hacer innovación disruptiva, y no lo están porque sus cuadros de líderes tienen atadas las manos o temen asumir riesgos y prefieren garantizar la seguridad de su trabajo.

La innovación disruptiva que surge de las tecnologías emergentes exige riesgo, medido y controlado, un cambio de mentalidad para comprender que lo que está en juego no es el resultado económico a corto plazo (que lo dan, por cierto), sino la transformación a largo plazo que le añadirá las capacidades digitales que la compañía necesita para garantizar que seguirá siendo competitiva en el futuro.

Por ejemplo, hay quien cree que la inteligencia artificial es una varita mágica que transforma datos en dinero sin necesidad de dedicarle tiempo y esfuerzo. Es necesario hacer hincapié en algo que resulta obvio: la inteligencia artificial no es como adquirir un ERP tradicional —sobre todo si se trata de una solución que se construye a las necesidades específicas del cliente—; por lo tanto, no puedes tratar a la IA como cualquier otro proyecto de TI.

La cero tolerancia y la impaciencia no va con la innovación disruptiva. Cuando una empresa decide incursionar con tecnologías emergentes, necesita entender que se trata de un proceso de experimentación que puede ser complejo, incierto; por ende, debes alinear los aspectos clave como son el presupuesto para ello y medir sus resultados acorde a lo que es, un proceso de innovación disruptiva. Que suele ser distinto a lo que sucede con la innovación incremental.

Este es el precio que hay que pagar cuando decidimos inventar, crear algo que no existe, porque apostamos a ello como nuestra visión para el futuro, sabiendo que esa innovación nos hará verdaderamente diferentes del resto. El otro camino es el de comprar e implementar lo que ya existe, que ciertamente no requiere tanto esfuerzo, pero que tampoco nos dará las capacidades innovadoras y digitales para crear las ventajas competitivas que necesitamos en el futuro.

Para ser más pragmático y ejemplificar, tengo un proyecto con un directivo de innovación en una empresa de autopartes que entiende muy bien la necesidad de establecer un nuevo liderazgo alrededor de la innovación disruptiva. En su caso, el proyecto es de inteligencia artificial. ¿Qué hizo diferente para facilitar la adopción de esta tecnología? Incorporó a las áreas clave como Operaciones, Ingeniería y Producción, transmitiéndoles los retos y demandas de la organización, y manejando adecuadamente las expectativas en torno a una tecnología como esta. “Señores, esto es un proceso de iteración que conlleva la innovación disruptiva, de fallos y aciertos; hagamos equipo y colaboremos con nuestro proveedor porque necesita forzosamente de nuestra ayuda, ustedes son los expertos y dueños del proceso”, les explicó durante una junta en la que estuve presente.

Por esto insisto en que la era digital necesita un nuevo liderazgo. Gente que sepa llevar a cabo un proceso de innovación disruptiva, que entienda lo que está en juego, que esté dispuesta a dejar de priorizar exclusivamente el resultado a corto plazo en pro de algo más grande: crear algo que será un valor único y diferenciador de nuestra empresa frente a los competidores, y de añadir las capacidades digitales que le darán mayor sostenibilidad a la compañía en el futuro. Es un cambio de liderazgo y cultura. ¿Estás listo?

Contacto:

*El autor es cofundador y director ejecutivo de Gesta Ventures, un company builder enfocado en negocios y startups de Industria 4.0.

LinkedinRafael Páez

Fuente Forbes

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