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Suicidio y finanzas personales en tiempos de COVID-19

Una reciente encuesta hecha por el gobierno de la Ciudad de México en colaboración con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) reveló los efectos del COVID-19 en el bienestar de los hogares en la capital.

Los datos indican que en diciembre de 2020 32% de los entrevistados presentaron síntomas severos de ansiedad y 25% síntomas de depresión. Cabe destacar que la prevalencia fue mayor en los hogares con menores recursos económicos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud cada año 800,000 personas se quitan la vida y 79% de los suicidios mundiales ocurren en países de ingresos bajos y medianos.

El suicidio en momentos álgidos de la historia

Si bien son diversos los factores que orillan a una persona a tomar esa decisión, históricamente se ha detectado un aumento de suicidios en periodos de gran convulsión, tal es el caso de la pandemia de influenza en EEUU de 1918 o en Hong Kong, en 2003, debido a la epidemia de SARS (síndrome respiratorio agudo grave).

El COVID-19 ha cobrado casi tres millones de vidas alrededor del planeta hasta el momento (más de 200 mil defunciones en México) y provocó la pérdida de 22 millones de empleos el año pasado.

De hecho, la encuesta del gobierno de la CDMX y la UNICEF arrojó que 62% de los hogares en la Ciudad de México vieron reducidos sus ingresos desde el inicio de la cuarentena, muchos declararon haber perdido 45% de ellos. Asimismo, uno de cada tres hogares reportó que alguno de sus integrantes habría perdido su empleo o fuente de ingresos entre marzo y diciembre de 2020.

Ante esto, los capitalinos tuvieron que tomar algunas decisiones:

  • 32% dejó de pagar deudas o tarjetas de crédito
  • 28% dejó de pagar la renta o los servicios (luz, agua, teléfono)
  • 37% pidió dinero prestado a familiares o amigos
  • 24% empeñó o vendió sus objetos de valor
  • 15% solicitó préstamos con bancos o prestamistas
  • 34% empezó a trabajar o vender algo
  • 10% dejó de comprar medicamentos o servicios médicos

Lecciones que podemos aprender del pasado

Aunque el suicidio tiene mucho que ver con trastornos mentales y de adicción, factores biológicos e incluso genéticos, el aislamiento, el desempleo y la crisis económica pueden hacer a las personas más proclives a pensar en esa opción como una salida a los problemas.

Un estudio en Estados Unidos sobre la Gran Recesión hecho en 2007 encontró que por cada aumento de un punto porcentual en la tasa de desempleo hubo un aumento de alrededor del 1.6% en la tasa de suicidios.

A partir de ese modelo, en mayo de 2020, el Meadows Mental Health Policy Institute de Texas estimó que, si el desempleo por la pandemia de Coronavirus aumentaba 5 puntos porcentuales a un nivel similar al de la Gran Recesión, 4,000 personas podrían morir por suicidio, pero si el desempleo subía 20 puntos porcentuales, los suicidios podrían aumentar en 18,000.

Hacer un repaso de las estadísticas no solo debe ayudarnos a conocer y reconocer el panorama en el que nos encontramos inmersos, sino que también debe alertarnos sobre la forma de evitar más consecuencias mortales.

Los especialistas sugieren comenzar por un aspecto muy importante: dejar de ver el suicidio, la depresión o la ansiedad como temas tabú, pues una muerte en esas circunstancias es prevenible mediante intervenciones oportunas.

Una de ellas es difundir el acceso a líneas de comunicación especialmente creadas para brindar apoyo psicológico y emocional a quienes más lo necesitan en estos momentos.

¿No sabes cuáles son esos recursos a tu disposición? Algunos de ellos son:

  • Línea de Seguridad del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de CDMX (apoyo psicológico 24/7): 55 5533 5533
  • Línea de la Vida (24 horas): 800 911 2000
  • Red Sostén Emocional para Familiares en Duelo (24 horas): 55 4165 7000

Visibilizar y favorecer la salud mental es de suma importancia en estos momentos, ya que será lo que nos permita como sociedad superar las dificultades derivadas del COVID-19, así como otras que hemos podido superar en el pasado.

Fuente: Forbes